Flamenco: Entrevista a Bernat Jiménez de Cisneros Puig

Flamenco: Entrevista a Bernat Jiménez de Cisneros Puig

Entrevista: Natasa Panayi


Presentación

Bernat Jiménez de Cisneros Puig es profesor especializado en flamenco con quince años de experiencia impartiendo talleres de guitarra flamenca, palmas y combo flamenco. En el año 2000 culminó con Manuel Granados el grado superior de guitarra flamenca en el Conservatorio Superior de Música del Liceo de Barcelona. Desde 2005 ha realizado conferencias en escuelas de música, conservatorios y universidades, con títulos como «El flamenco: un lenguaje musical», «La Soleá y el sistema musical flamenco», «La Petenera y la armonía flamenca» o «El Fandango de Huelva: la piedra de toque del flamenco». En 2007 fue profesor en la Escuela Superior de Música de Catalunya (ESMUC).

A lo largo de la última década, ha combinado la docencia con una intensa labor investigadora que le ha llevado a publicar en 2015 el audiolibro en formato PDF «Ritmo y compás: estructura métrica y articulación rítmico-armónica de los géneros flamencos acompasados», trabajo que intenta desvelar las claves del flamenco desde un punto de vista musicológico. Orientado tanto a los iniciados en el flamenco como a los aficionados y estudiantes de música en general, incluye 300 ejemplos de audio históricos, de todas las épocas y artistas, y 120 ejemplos didácticos. Se puede descargar gratuitamente en www.atrilflamenco.com, donde el lector dispone de un apartado para contribuir a financiar los futuros proyectos de Bernat Jiménez de Cisneros.

  • ¿Cuáles fueron tus primeros pasos en el estudio de la guitarra flamenca?

Me inicié tarde en la guitarra flamenca, a los 22 años, justo cuando terminaba mis estudios de Bellas Artes. Llevaba algún tiempo estudiando guitarra clásica y estaba familiarizado con técnicas como el trémolo o el arpegiado, pero desconocía completamente el rasgueado o el golpeado, técnicas más idiomáticas de la guitarra flamenca. Nunca se escuchó flamenco en mi casa. Mi afición por la guitarra flamenca empezó al descubrir los discos de Paco de Lucía, pero sobre todo al asistir a los conciertos que ofreció a principios de los 90 en el Palau de la Música Catalana. El impacto de esas experiencias en directo, que ampliaban incluso la belleza y el magnetismo de sus discos, me hizo decidir definitivamente a aprender esa música, a ser parte de aquello. Inicialmente, compré algunas partituras y traté de sacarlas por mí mismo.

Por otra parte, a principios de 1995 conocí a una familia de etnia gitana que residía en el barrio del Poble Nou de Barcelona. Entablé una relación muy estrecha con ellos, prolongada durante años, que contribuyó a ampliar al cante mi afición por la guitarra flamenca e hizo que mi experiencia del flamenco pasara de ser algo más o menos idealizado o formalizado a ser algo espontáneo, integrado en la realidad. En ese contexto, me di cuenta de que todos aquellos fragmentos dispersos que había aprendido a través de partituras no me servían, ya que existía todo un lenguaje o sistema todavía desconocido para mí que iba más allá de piezas concretas y que no conseguía adivinar.

Al poco tiempo, llegó a mis manos una publicidad de las clases que el profesor Manuel Granados daba en el Conservatorio del Liceo de Barcelona. En ese momento empezó realmente mi formación en guitarra flamenca. Fue una etapa de descubrimiento, de entusiasmo, de ilusión, por la que siempre estaré agradecido a Manuel. Sus métodos de transmisión escrita encajaron perfectamente en mi esquema mental, más avezado a la racionalidad que a la intuición. La diferencia con el resto de partituras es que las de Manuel exponían claramente el toque como una colección de variaciones isócronas e independientes que permitían comprender la estructura subyacente en cada palo, entender que la espontaneidad y la vitalidad del flamenco eran posibles gracias precisamente a una serie de pautas métricas definidas. A partir de entonces empecé a entender la fundamental diferencia entre tocar “una soleá” y tocar “por soleá”, distinción que he mirado de tener muy presente en mi actividad posterior como profesor de guitarra flamenca.

  • Háblanos de tu formación profesional.

Mi trayectoria como intérprete, hoy interrumpida debido a las complicaciones derivadas de un par de tendinitis, empezó de forma bastante caótica, subiendo al escenario sin la debida preparación. Seguramente, mis estudios habían estado muy centrados en la faceta concertística y menos en la relación de la guitarra con el cante o el baile. Así, aun teniendo una buena preparación técnica y el conocimiento de las bases de cada palo, no tenía realmente asimilada la noción de “compás” en su acepción flamenca: medida y tempo. Acompañar al cante y al baile requiere tocar a tempo, un aspecto que la interpretación solista no prioriza, especialmente si se aborda desde una perspectiva clásica. En mi caso, pues, tuve que desarrollar estos aspectos por mí mismo, practicando con metrónomo y buscando siempre la ocasión de tocar con gente. Por otra parte, también carecía de un buen entrenamiento del oído. En el acompañamiento al cante, si bien existen ciertas pautas en la armonización, es decir, series o ruedas de acordes más o menos preconcebidas y previsibles, el guitarrista debe estar siempre atento a la evolución concreta de la melodía. De forma autónoma, hice ese aprendizaje analizando discos y observando a los demás guitarristas en directo. Como digo, procuraba no perder ocasión de acompañar al cante, aunque a menudo fuera frustrante, para poner en práctica las pautas que observaba en las grabaciones. Con el tiempo, todas estas dificultades y la forma que fui encontrando de superarlas han estado muy presentes en mi labor docente. Es más, creo que, al margen de las tendinitis, esa formación autodidacta y el constante estímulo que implica determinó en gran medida que hoy me esté dedicando exclusivamente a la docencia y a la investigación en torno a la musicología del flamenco, tareas que me apasionan y con las que intento brindar a los demás la oportunidad de entrar en el flamenco profesional de una forma más ordenada y menos traumática.

  • ¿Crees que tu estilo se ha visto influenciado en gran medida por conocidos guitarristas flamencos?

Dudo mucho de que en mi caso podamos hablar de estilo personal. Quizá cierta originalidad en la composición, pero no en el toque propiamente. En cualquier caso, mi formación se vio obviamente muy influenciada por Paco de Lucía, pero también por Sabicas, Vicente Amigo, Gerardo Núñez, Moraíto Chico, Paco Cepero, en la medida que fui estudiando sus toques. En el fondo, creo que no podemos hablar de crear estilo sin contemplar la influencia de los grandes guitarristas. Incluso en el caso de los estilos extremadamente singulares, como podría ser el de Diego del Gastor, me resulta difícil considerarlo carente de influencias o referentes. Otra cosa es la capacidad que, a través de su sensibilidad e intuición, determinados artistas han demostrado a la hora de digerir las inevitables –y necesarias– influencias, consiguiendo que su toque se identifique antes consigo mismo que con cualquier otro guitarrista precedente, tal y como ocurre al escuchar a todos los artistas mencionados.

  • ¿Qué te ofrece la música flamenca que no te ofrece la música clásica?

Desde mi punto de vista, el flamenco permite que cualquier persona sin formación musical, por lo menos tal y como se entiende académicamente, pueda participar de la música con relativa facilidad. Aunque la capacidad de leer partituras es un complemento muy útil, no es un requisito indispensable. El flamenco, a pesar de regirse por códigos y pautas no siempre evidentes, es una música muy seductora donde la frontera entre oyente e intérprete es difusa. En este sentido, el conocimiento de las fórmulas métricas flamencas, el “compás” de cada palo, juega un papel fundamental, ya que constituyen el hilo conductor que permite al neófito internarse en este lenguaje musical como uno más. En este sentido, tan solo es preciso que el alumno pueda descubrir de una forma clara y ordenada el sistema musical que subyace en el flamenco. Algo que, por cierto, es de lo más gratificante. Por eso doy especial importancia, por ejemplo, al aprendizaje de las palmas, seguramente la puerta de entrada más sencilla y asequible al flamenco, pues más allá de su evidente valor como disciplina musical, como nexo entre la guitarra, el cante y el baile, constituyen el mejor “solfeo” rítmico del flamenco.

Por otra parte, debo decir que mi afición a la música clásica, transmitida por mi padre, ha jugado un papel relevante que siempre he valorado muy positivamente. La riqueza y sofisticación melódica, armónica y formal (antes que rítmica o métrica) de la música clásica, me permitió tener una perspectiva estética más amplia a la hora de adentrarme en el lenguaje flamenco, dominado ante todo por el ritmo y la métrica. De hecho, esta doble perspectiva influyó seguramente en mi fascinación por la música de Paco de lucía, donde todos y cada uno de los aspectos mencionados están desarrollados a la misma altura.

  • ¿Es muy difícil aprender guitarra flamenca de forma autodidacta? ¿Qué dificultades va a afrontar alguien en cuanto a la técnica y la expresión?

En mi caso, puesto que me encuentro más bien entre aquellas personas que necesitan verbalizar o racionalizar el aprendizaje, más dadas por tanto a la mediación expresa de un maestro y de partituras, todavía me sorprendo hoy día ante los que han aprendido a tocar “a compás” tan sólo mediante la observación y la escucha de otros guitarristas. En el Flamenco es difícil determinar qué se entiende por autodidacta. La historia demuestra que la inmensa mayoría de grandes artistas no han pasado por una enseñanza académica o reglada como la que existe hoy, pero eso no significa que lo aprendieran todo por sí mismos, sin enseñanza vehiculada, sino que la transmisión de conocimiento ha seguido en el flamenco cauces menos explícitos. De hecho, esta transmisión oral, imperante hasta tiempos recientes, no ha excluido la figura del maestro, aunque a menudo no se encuentre en un aula o en una escuela. Simplemente, este tipo de aprendizaje exige mayor intuición y retentiva. Paradójicamente, pues, el flamenco, siendo una música muy democrática, por así decirlo, en la que cualquiera puede incorporarse, al mismo tiempo garantiza su calidad a través de filtros como esta transmisión oral, que requiere un oído y un sentido del ritmo desarrollados.

En cuanto a los aspectos técnicos, creo que son más fáciles de resolver. Gracias a los recursos que se ofrecen por internet y los manuales existentes, en la actualidad se puede adquirir autonomía en la comprensión y el estudio de la técnica. Y quizá por ello exista actualmente un plantel de guitarristas cuyo nivel técnico (en variedad, pulcritud y velocidad) supera ampliamente el de cualquier otra época. Ahora bien, la expresión es más difícil de transmitir o metodizar, y por tanto todavía depende en gran medida de cualidades innatas como el talento o la sensibilidad.

  • ¿Nos podrías informar sobre los métodos de enseñanza que utilizas en las clases con tus alumnos?

En mi labor como docente hago hincapié especialmente en el compás, entendido como el ciclo rítmico-armónico interpretado a tempo, incluyendo las estructuras o patrones del acompañamiento al cante, estrechamente ligadas a este mismo concepto de compás. Procuro asegurarme de que el alumno sea capaz de interpretar “a compás” todo el repertorio que vamos incorporando, porque de ello dependerá que puedan disfrutar y ¿por qué no? lucir sus progresos fuera de las paredes de su habitación. Por ello suelo iniciar a los alumnos con géneros como la Sevillana, el Fandango de Huelva o la Rumba, pues permiten cumplir los objetivos esenciales del toque con menor esfuerzo que con palos como la Soleá o la Bulería, quizá más emblemáticos o seductores, pero cuya complejidad técnica o velocidad ponen mucho más difícil tocar a compás o acompañar al cante adecuadamente. En este sentido, intento dar a las clases de guitarra un carácter preparatorio a los talleres de combo que imparto regularmente, en los que se adquieren mejor las competencias que se esperan de un músico flamenco.

  • ¿Has intentado construir tus propias guitarras? ¿Qué materiales propondrías a los nuevos creadores de guitarras flamencas para lograr una calidad de sonido mejor?

Me consta que existen talleres para construir tu propia guitarra. En mi caso, tan sólo me he atrevido a hacer pequeñas reparaciones después de algún percance. La verdad es que no conozco suficientemente este oficio. Al ser zurdo (mi guitarra lleva la encordadura invertida), nunca he podido probar como es debido guitarras de distintos constructores. En cualquier caso, entiendo que todo avance organológico ha de hacerse sin perder de vista que, ante todo, una guitarra debe afinar correctamente en todo su diapasón, tener un balance adecuado entre graves y agudos y, sin trastear, ser cómoda para la mano izquierda, obviedades que no siempre se cumplen.

  • El arte flamenco ha sufrido muchos cambios a lo largo de su historia. En nuestros días, fuera de España, el flamenco se ha transformado en un símbolo de la cultura española. ¿Piensas que la industrialización ha destruido el sentido básico de este arte?

De hecho, no estoy seguro de que podamos aplicar el concepto industrialización al flamenco, ya que entiendo que implica la producción en serie o masiva. Aparentemente, los tablaos o la discografía serían lo más parecido a la industria del flamenco. Y sin embargo, los tablaos siguen siendo grandes escuelas donde los artistas afianzan, incluso adquieren sus competencias como profesionales (aquéllas que necesariamente se manifiestan en la interpretación colectiva y en directo). También la fonografía ha demostrado ser históricamente no sólo un gran acicate de la actividad profesional, sino de la propia creatividad. Asimismo, si por industrialización entendemos profesionalización, la respuesta sería un no aún más rotundo. La profesionalización de los artistas flamencos, ya en el siglo XIX, demostró ser el motor del desarrollo del flamenco, incluso de su propio nacimiento como tal, y nunca un motivo de empobrecimiento o estancamiento. Otra cosa es la manipulación del flamenco desde fuera o su uso como herramienta política. En este caso, como las demás artes, el flamenco no es inmune a esta clase de perversiones que en efecto pueden comprometer el sentido básico que mencionas. Si bien son innegables las connotaciones o cargas identitarias con las que el flamenco tomó carta de naturaleza (regionales, étnicas, sociales…), su esencia es la emoción, sentirse vivo, y cualquier elemento que pueda interferir en este trayecto a priori sobra.

  • Según tu opinión, ¿en qué situación se encuentra hoy en día el arte flamenco?

El arte flamenco tiene en la actualidad una salud de hierro. La cantidad de excelentes profesionales es superior a la de ninguna otra época. Así pues, nada que temer por la vigencia y la continuidad del flamenco. Con todo, sigue habiendo controversia en la delimitación estética del arte flamenco, que se agudiza día tras día con el propio avance de las nuevas tecnologías. Una comparación con el arte pictórico puede resultar quizá más elocuente. El flamenco ha entrado de lleno en la pugna entre lo figurativo, que algunos llamarán tradicional, y lo abstracto, donde “lo real” (la supuesta tradición) aparece tan transformado que puede resultar irreconocible. Por así decirlo, conviven en el flamenco un arte figurativo más o menos hiperrealista, desarrollado por dinastías o entornos dotados de una transmisión oral firme y vigorosa, con un arte abstracto, más conceptual, que se interroga explícitamente sobre los márgenes y valores de lo tradicional. No obstante, de la misma forma que la abstracción pictórica fue conquistando la mirada del espectador, transformando el ideal de belleza, también el amante del flamenco va poco a poco asumiendo como bellas propuestas donde son apenas reconocibles los cánones generados durante la segunda mitad del siglo pasado, particularmente en la etapa que podríamos llamar de las antologías. En cualquier caso, no olvidemos que la base generadora del flamenco, su motor fundamental, ha sido siempre la transformación, concepto que se aleja tanto de la idea de repetición o mimetismo, como de la idea de invención pura o ex nihilo. A mi modo de ver, encontrar el equilibro entre abstracción y realismo desde un espíritu transformador ha de ser la meta del artista flamenco.

  • ¿Hay salida para los jóvenes músicos del flamenco en España?

Como decía, el flamenco tiene hoy una salud de hierro, con un plantel nunca tan numeroso y bien formado. Pero a veces me pregunto si existe suficiente predisposición para tantas propuestas nuevas, incluso si, como espectadores, seremos capaces de disfrutar y valorar como se merece todo el talento y esfuerzo que realizan las nuevas generaciones en un ambiente de gran competitividad y exigencia. Y es que, a pesar de las declaraciones institucionales en este sentido, sigue sin asumirse o quererse asumir que el patrimonio musical más relevante de este país, con diferencia, es el flamenco.

  • ¡Háblanos de tus proyectos y tus futuros planes!

Desde 2014, estuve centrado en la publicación de mi primer trabajo de análisis musical del flamenco, el audiolibro “Ritmo y compás”, en el que traté precisamente de poner negro sobre blanco ese sistema musical que permite al flamenco ser una música tan espontánea sin derrumbarse. Durante el pasado curso me volqué en su difusión, sobre todo mediante ponencias en varios congresos dentro y fuera de España, desarrollando con más profundidad temas centrales del audiolibro. Sin duda, ha sido una experiencia muy útil, exigente pero muy enriquecedora, que espero publicar en forma de artículos durante los próximos meses. En este momento, mientras trabajo en la traducción al inglés del audiolibro, cosa lenta y minuciosa, preparo la elaboración de un segundo volumen, dedicado a las palmas flamencas, una disciplina casi olvidada pero de gran interés musical y pedagógico. En fin, retos que me tendrán muy entretenido durante los próximos años.

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